Después del primer día, donde no tuve tiempo de asimilar la realidad de mi decisión; el día dos ha sido por mucho, el peor día de mi vida en muchos años.
En la mañana hice unas diligencias: obtuve mi SIN, abrí una cuenta de banco, compré y configuré mi celular, compré mi pase mensual del autobús y hasta me hice de unas botas de nieve. Hasta aquí todo parecía excelente, pero la persona con la que iba a vivir no me respondía y la sensación de no tener casa, en un lugar tan alejado y solo, me golpeó.
Sumado a todo eso, fui a obtener mi tarjeta de seguro médico (MSI) y por primera vez desde que llegué, alguien me trató mal y me rechazaron.
De regreso me perdí dos veces en el camión y pasé cuatro horas en ellos. Cuando logré llegar a un lugar tranquilo me quebré sentimentalmente, ¿porque dejé mi zona de confort? ¿porque dejé a mi novia y mis amigos? ¿que hago aquí sufriendo este frío, solo?
Peor, el chavo con el que iba a vivir no me responde para nada.
En la noche hablé con mis papás pero no les conté acerca de lo malo que me pasó, no quiero preocuparlos aún.
Aún tengo que ver que haré con mi MSI dado que no puedo estar aquí solo sin seguro médico.
Tengo que ser fuerte, sabía que esto pasaría.